Un analista de Touros e Ursos, el programa de Seu Dinheiro, señala que el mercado mantiene una perspectiva pesimista sobre el escenario fiscal de un cuarto mandato del gobierno de Lula. Para los inversores, el factor clave es la expectativa: es la fuerza que mueve las tasas de interés, y estas a su vez impactan en la renta fija, la bolsa y los fondos inmobiliarios.
¿Podría un cuarto mandato de Lula empeorar la situación fiscal de Brasil?
La respuesta honesta es que aún nadie lo sabe, y el analista no lo afirma de forma tajante en el video. Lo que Seu Dinheiro publicó, en un extracto de Touros e Ursos, es la explicación de por qué el mercado continúa pesimista con respecto a las cuentas públicas. También aborda los desafíos del ajuste fiscal y la forma en que las expectativas influyen en las tasas de interés y en la economía.
El pesimismo del mercado no es la predicción de un desastre. Es un estado de desconfianza ya existente que, por sí solo, genera efectos prácticos. Si los inversores consideran que el ajuste no se concretará, comienzan a exigir un mayor rendimiento para financiar al gobierno, incluso antes de que se divulgue cualquier cifra negativa.
Una aclaración sobre lo que leerá a continuación: el resumen del video no incluye cifras concretas, como déficits, metas o proyecciones. Por esta razón, este texto no presenta ninguna. Lo que sigue es la explicación del vínculo entre la expectativa fiscal y su bolsillo, junto con una lista de indicadores que vale la pena monitorear.
¿Por qué el mercado sigue desconfiando del ajuste de las cuentas públicas?
Ajustar las cuentas públicas implica gastar menos, recaudar más o aplicar ambas medidas. Ambas vías conllevan un coste político, y ahí radica la incertidumbre del mercado: la cuestión no es si el gobierno desea equilibrar las cuentas, sino si tiene la capacidad de entregar resultados. Esta lectura es nuestra, orientada a contextualizar el tema. El resumen de la fuente se limita a señalar que el analista advierte sobre los desafíos para concretar el ajuste.
Esta desconfianza no es unánime. En un artículo que hemos publicado, un banquero apuesta a que la situación fiscal del cuarto mandato será mejor que la del tercero. El pesimismo descrito por el analista de Touros e Ursos representa, por lo tanto, la postura predominante, pero no una certeza compartida por todos.
El propio gobierno interviene en este escenario. El debate sobre modificar la ley de la meta fiscal para buscar el centro de la meta constituye el tipo de señal que el mercado analiza con lupa. Cuando se modifican las reglas del juego, la duda pasa a ser si el cambio responde a una visión realista o a una relajación de la disciplina. La respuesta determina el tamaño del premio por riesgo que se incorpora a los precios.
¿Cómo se transforma la expectativa fiscal en tasas de interés, y estas en pérdidas (o ganancias) en su cartera?
La cadena de acontecimientos descrita por el analista, que aquí desglosamos paso a paso, es la siguiente: la expectativa pesimista encarece el dinero y dicho coste se propaga por toda la economía.
Las tasas de interés a largo plazo sirven de referencia para prácticamente todo: financiación, créditos a empresas y descuento de beneficios futuros de las acciones. Cuando suben impulsadas por la desconfianza fiscal, la economía lo resiente porque el crédito se encarece y la inversión se desacelera. Esto fue lo que el analista quiso expresar, según el resumen, al vincular las expectativas, las tasas de interés y la actividad económica.
Existe un segundo canal de transmisión: el tipo de cambio del dólar. Las dudas sobre las cuentas públicas tienden a desalentar el capital extranjero y a presionar al alza el tipo de cambio, lo que encarece los productos importados y dificulta la labor del Banco Central en su combate contra la inflación. La reacción del mercado inmediatamente posterior a las elecciones, con el dólar disparado y un circuit breaker en la bolsa, evidenció la rapidez con la que opera este mecanismo.
Asimismo, se cuenta con el termómetro más directo: el volumen de la deuda en proporción a la economía. El seguimiento de la deuda bruta de Brasil en septiembre ilustra por qué el mercado presta tanta atención a este indicador, ya que un mayor nivel de endeudamiento deja menos margen para cometer errores.
¿Qué cambia en su cartera si persiste el pesimismo fiscal?
No todos los activos salen perjudicados por unas tasas de interés elevadas. El efecto depende de la tipología de cada instrumento, y las indicaciones expuestas a continuación representan tendencias generales y no promesas de rentabilidad.
- Tesouro Selic y CDBs a tasa flotante siguen la tasa básica; unas tasas de interés altas durante un período prolongado sostienen un rendimiento elevado y evitan la volatilidad de la valoración a precios de mercado.
- Títulos de nueva emisión a largo plazo pueden adquirirse con tasas más atractivas para aquellos inversores dispuestos a mantenerlos hasta su vencimiento.
- Títulos a tasa fija y con ajuste por el IPCA+ a largo plazo ya adquiridos pierden valor en la valoración a precios de mercado cuando los tipos a plazo aumentan, y quienes los venden antes de su vencimiento materializan dicha pérdida.
- Acciones sensibles a los tipos de interés y al consumo interno sufren presiones bajistas, ya que los beneficios futuros pierden valor presente y el crédito se encarece.
- Fondos de inversión inmobiliaria (FII) tienden a competir con la renta fija: ante el incremento de las tasas, los dividendos deben ofrecer un mayor atractivo para justificar el riesgo, lo que suele presionar a la baja el valor de las participaciones.
Si su cartera concentra activos de renta fija a tasa fija a largo plazo, fondos inmobiliarios y acciones de empresas del mercado doméstico, resulta ser la más expuesta ante un deterioro de las expectativas fiscales. Si, por el contrario, predomina la renta fija a tasa flotante, el riesgo de valoración a precios de mercado es menor, pero renuncia a ganancias potenciales en caso de que las tasas de interés disminuyan. Conocer su grado de exposición resulta más útil que intentar adivinar el rumbo fiscal.
¿Es momento de liquidar posiciones o de modificar la estrategia?
Ninguna indicación en el resumen del video apunta en esa dirección, y las decisiones tomadas exclusivamente a partir de titulares periodísticos suelen resultar costosas. Las expectativas fiscales fluctúan: el mismo mercado que hoy descuenta un escenario pesimista puede corregir su postura si surgen indicios sólidos de un ajuste creíble. Lo sensato consiste en calibrar el peso de cada posición en función del riesgo asumido, en lugar de apostar todo a un único escenario.
Otra duda frecuente es si, en caso de un empeoramiento fiscal, el gobierno perderá la capacidad de honrar su deuda. El resumen no aborda esta cuestión, y no realizaremos afirmaciones más allá de lo expuesto por la fuente. El planteamiento del analista es más prudente y de mayor utilidad: la desconfianza ya genera costes en el presente a través de las tasas de interés, sin que sea preciso que ocurra un impago ni una crisis para manifestarse.
Aspectos clave para seguir de cerca en adelante
Dado que el video no aporta umbrales cuantitativos, el criterio de seguimiento es de carácter cualitativo. Para determinar si el pesimismo del mercado gana o pierde intensidad, conviene vigilar las siguientes señales. UBS, por ejemplo, ha señalado diversas pruebas fiscales para que el gobierno tranquilice al mercado, lo que constituye una hoja de ruta útil sobre lo que los inversores esperan observar.
Normas y metas fiscales — las modificaciones o flexibilizaciones suelen reflejarse en las tasas de interés a plazo durante esa misma jornada.
Tasas de interés a largo plazo — un incremento en los rendimientos de los títulos a mayor plazo sin catalizadores externos refleja una creciente desconfianza fiscal.
Dólar — una presión persistente sobre el tipo de cambio indica que el capital extranjero exige una prima mayor para mantenerse invertido.
Publicación mensual de la deuda — la trayectoria de la deuda en relación con el PIB confirma o desmiente el escenario pesimista.