¿Qué pasó con Oi?
El Tribunal de Justicia de Río de Janeiro (TJ-RJ) confirmó la quiebra de la operadora Oi y restableció la decisión de primera instancia, de acuerdo con informaciones periodísticas publicadas por InfoMoney. El fallo de los magistrados señala que hubo un incumplimiento del plan de recuperación judicial de la compañía.
Este movimiento representa un desenlace crítico para la operadora, que venía intentando reestructurar sus operaciones y sus obligaciones financieras a lo largo de un extenso proceso de recuperación en la justicia. La confirmación de la quiebra por parte de un tribunal de segunda instancia pone de relieve la extrema dificultad que enfrentaba la empresa para cumplir las metas y los pagos acordados con sus diversos acreedores.
¿Qué significa la confirmación de la quiebra para la empresa?
Cuando la justicia confirma la quiebra de una compañía, el escenario cambia drásticamente en comparación con el periodo de recuperación judicial. En la recuperación judicial, la empresa gana un respiro para renegociar sus obligaciones con los acreedores y seguir operando, con el fin de intentar reestructurar sus actividades para volver a ser viable. En cambio, en la quiebra, el criterio de la justicia es que la continuidad del negocio ya no es viable.
Con el restablecimiento de la decisión de primera instancia por parte del TJ-RJ, el proceso de recuperación judicial se da por concluido y se inicia la fase de liquidación de activos. Esto significa que la administración de la compañía es apartada y un administrador judicial asume el control para mapear todos los bienes, inmuebles, marcas y recursos financieros restantes. El objetivo principal de esta nueva fase es vender todo lo posible para recaudar fondos y pagar a los acreedores, siguiendo un orden de preferencia establecido por la ley. La operativa diaria de la empresa se interrumpe o se limita de forma severa, enfocándose únicamente en la preservación de los activos que serán subastados para saldar los pendientes financieros.
¿Qué pasa con las acciones OIBR3 y OIBR4 en la bolsa?
Para quienes poseen acciones ordinarias (OIBR3) o preferenciales (OIBR4) de Oi en cartera, la confirmación de la quiebra representa un escenario de pérdida prácticamente total del capital invertido. En el mercado financiero, los títulos de una empresa cuya quiebra es decretada suelen ver suspendida su cotización en la Bolsa de Brasil (B3) tras la comunicación oficial del hecho al mercado.
Posteriormente, estas acciones dejan de cotizar y negociarse en el ámbito bursátil. En la fila de pagos de una empresa quebrada, los accionistas ocupan la última posición posible. Antes de que llegue un solo céntimo a los tenedores de acciones, la compañía debe saldar las deudas laborales, los créditos con garantía real, los impuestos y tributos adeudados a los gobiernos federal, estatal y municipal, además de los acreedores quirografarios (aquellos sin garantías, como proveedores y tenedores de obligaciones). Como los activos de una empresa en quiebra rara vez alcanzan para cubrir todas las deudas con estos acreedores prioritarios, los accionistas ordinarios y preferenciales casi nunca reciben ningún valor residual. Por lo tanto, la inversión debe considerarse perdida en la casi totalidad de los casos.
Atención: En los procesos de quiebra, el accionista es considerado propietario del negocio y, por ende, asume el riesgo residual de la operación. No existe ningún mecanismo de protección ni fondo de garantía que resarza al inversor minorista por la devaluación o pérdida de las acciones de una empresa quebrada.
¿Cuál es la diferencia entre recuperación judicial y quiebra?
La diferencia fundamental entre ambos estados jurídicos radica en la viabilidad de la operativa de la empresa. La recuperación judicial es un mecanismo que busca evitar la quiebra. Se solicita cuando la compañía atraviesa una crisis financiera grave, pero todavía demuestra capacidad de recuperarse si logra renegociar plazos y montos con sus acreedores. Durante ese periodo, la empresa sigue funcionando con normalidad, prestando servicios y tratando de generar ingresos para cumplir el plan pactado.
La quiebra, por el contrario, es el reconocimiento formal de que la empresa ya no tiene condiciones para honrar sus compromisos y de que el plan de recuperación fracasó o fue incumplido, tal como señalaron los magistrados del TJ-RJ en el caso de Oi. En la quiebra, la empresa deja de existir como entidad operativa en marcha. El foco deja de ser la supervivencia del negocio y pasa a ser la distribución ordenada del patrimonio restante entre aquellos a quienes la empresa debe dinero. Es el fin del camino para la personalidad jurídica de la compañía desde la perspectiva de la generación de valor continuo.
¿Qué debe hacer ahora el inversor minorista?
Para el inversor minorista que aún mantenía posiciones en acciones de Oi, el momento exige cautela y la aceptación de la pérdida como parte del aprendizaje en el mercado. El primer paso es seguir los comunicados oficiales de la compañía y de la B3 para entender los plazos de suspensión y la eventual exclusión de las acciones de la parrilla de negociación. Intentar vender los títulos en mercados secundarios o en subastas específicas puede resultar difícil, y los importes obtenidos suelen ser insignificantes.
Este suceso sirve como una advertencia importante sobre los riesgos de invertir en empresas con una situación financiera de extrema fragilidad, conocidas en el mercado como compañías en proceso de reestructuración (*turnaround*) o en recuperación judicial. Aunque la promesa de un giro histórico y de ganancias astronómicas atraiga a muchos inversores particulares, la realidad demuestra que el riesgo de pérdida total es real y frecuente. La recomendación principal para mitigar estos impactos es la diversificación de la cartera, asegurando que el capital esté distribuido en empresas sólidas, generadoras de caja y con una gobernanza corporativa robusta, limitando la exposición a activos de alto riesgo a una porción muy reducida del patrimonio.
¿Cómo funciona la fila de acreedores en un proceso de quiebra?
Para entender por qué el accionista se queda sin nada, hay que comprender la rigidez de la jerarquía de acreedores establecida por la ley de quiebras. El proceso de liquidación sigue un orden estricto de pagos. En la cúspide de la pirámide se encuentran los créditos extraconcursales, que corresponden a los gastos generados durante el propio proceso de quiebra, como los honorarios del administrador judicial y las costas procesales. A continuación, figuran los créditos laborales —limitados a un tope por trabajador— y las indemnizaciones por accidentes de trabajo.
Después se ubican los créditos con garantía real, aquellos respaldados por hipotecas o prendas sobre bienes de la empresa. En la secuencia siguen los créditos tributarios adeudados a la Nación, los estados y los municipios. Solo tras la cancelación íntegra de todas estas etapas se llega a los credores quirografarios (acreedores comunes), que agrupan a la mayoría de los proveedores y tenedores de títulos de deuda sin garantía. Por último, en la base absoluta de la pirámide, se encuentran los accionistas. Dado que la venta de los activos de una empresa quebrada rara vez alcanza para cubrir siquiera las primeras categorías de acreedores, los recursos se agotan mucho antes de llegar a los dueños de las acciones OIBR3 y OIBR4.